lunes, 16 de junio de 2008

¿Cumplen los estándares internacionales para la elaboración de los informes financieros lo que prometen?

¿Cumplen los estándares internacionales para la elaboración de los informes financieros lo que prometen?

Fuente: Finanzas e Inversión
Trabajo enviado por: Lic. Alexis Colmenarez

En un momento en que muchas de las barreras al comercio internacional han desaparecido y las economías del mundo cada vez están más interrelacionadas, países de todo el mundo están dando pasos para armonizar sus estándares contables y desarrollar un lenguaje realmente global para los negocios.
Bajo el liderazgo del International Accounting Standards Board (IASB), más de 100 países –a destacar la Unión Europea y la mayoría de las economías asiáticas-, han implementado -o tienen pensado hacerlo-, las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), también conocidas como IFRS ó International Financial Reporting Standards.
Por el momento, Estados Unidos está a la espera. Pero los vientos están cambiando. El 15 de noviembre de 2007 la SEC (Securities and Exchange Commission) –que hasta entonces obligaba a las empresas extranjeras a elaborar sus informes utilizando los Principios Contables Generalmente Aceptados (PCGA) o bien adaptarlos a los mismos-, anunciaba que iba a promover la compatibilidad internacional permitiendo que las empresas extranjeras accediesen a los mercados de capital estadounidenses si empleaban las NIIF. Al mismo tiempo, la SEC está considerando la posibilidad de que las empresas nacionales puedan elegir entre los Principios Contables Generalmente Aceptados o las Normas Internacionales de Información Financiera.
No obstante, los numerosos defensores de la armonización contable sostienen que las NIIF permitirán las comparaciones entre diferentes informes financieros, mejorarán la transparencia corporativa, mejorarán la calidad de los informes financieros y, al final, beneficiarán a empresas e inversores.
Pero el profesor de Contabilidad de Wharton, Luzi Hail, sostiene que, desde un punto de vista económico, existen motivos para mostrar cierto escepticismo. En particular, Hail cuestiona la premisa de que obligando a las empresas a adoptar estándares contables, incluso aunque sean de gran calidad, se consigan informes financieros más explicativos o comparables.
Hail y los profesores Holger Daske –de la Universidad de Mannheim-, Christian Leuz –de la Universidad de Chicago-, y Rodrigo Verdi –de MIT- son autores del artículo “Mandatory IFRS Reporting Around the World: Early Evidence on the Economic Consequences," (“Normas Internacionales de Información Financiera, obligatorias en todo el mundo: evidencia sobre las consecuencias económicas”), en el que estudian los supuestos beneficios de la convergencia contable internacional.
En busca de un lenguaje contable global
“El tema de la convergencia representa una especie de revolución”, señalan los autores. “Hace unos pocos años la mayoría de la gente habría dicho que era imposible lograr que las normas contables estadounidenses y las Normas Internacionales de Información Financiera convergiesen hasta crear unos estándares únicos y globalmente aceptados. Pero ahora parece posible”.
Hail afirma que el principal factor que explica la creciente aceptación de las NIIF es la esperanza de reducir el coste del capital y evitar los costes asociados a la utilización de diferentes estándares contables por parte de las empresas que cotizan en Bolsa.
“Hasta que la SEC permitió los informes elaborados siguiendo las NIIF, si por ejemplo una empresa europea quería cotizar en la Bolsa de Nueva York u otro mercado estadounidense, debía poner en marcha una difícil reconciliación entre los informes financieros elaborados según las NIIF y sus resultados según los Principios Contables Generalmente Aceptados de Estados Unidos”, explica Hail. “En principio esto no debería ser un problema si todos los países siguiesen los mismos estándares contables. Además si el nuevo régimen contable obliga a las empresas a ser más comunicativas sobre lo que informan y cómo informan, supondría una enorme mejora para los inversores, ya que tendrían una idea más clara sobre el futuro. Eso es exactamente lo que las organizaciones que fijan los estándares a ambos lados del océano alegan en defensa de la búsqueda de un lenguaje contable global”.
Pero “nosotros, como investigadores, nos preguntamos si las Normas Internacionales de Información Financiera realmente cumplirán lo prometido”.
El artículo señala que, en comparación con las cifras previas a la adopción de las NIIF o con empresas que aún no los han adoptado, por término medio la liquidez de mercado y el valor de una empresa aumentan entre el 2 y el 6% tras haberse visto obligadas a adoptarlos. Es más, los costes totales de las transacciones y la brecha entre los precios de oferta y de venta normalmente disminuyen.
“En contraste con los beneficios de liquidez, los resultados relacionados con el coste del capital son menos evidentes”, añade. “Sin embargo, es posible que ese efecto tan débil sobre los costes del capital refleje dificultades temporales para predecir los ingresos bajo el nuevo régimen contable”. Otra posible explicación es que los mercados hayan reaccionado por adelantado, antes de que las empresas hubiesen, de hecho, cambiado su sistema para la elaboración de informes”.
Beneficios mal repartidos
En general, de acuerdo con las reacciones favorables de los mercados, parece que las Normas Internacionales de Información Financiera proporcionan lo que sus defensores, las empresas y los inversores esperaban.
Sin embargo, un examen más exhaustivo revela resultados más sutiles. “¿Por qué algunas empresas que cotizan en Bolsa eligen voluntariamente adoptar antes las NIIF, mientras otras esperan hasta que se ven obligadas a hacerlo?”, se pregunta Hail. “Nuestros resultados muestran que estas empresas que adoptan los estándares voluntariamente antes de tiempo son las que experimentan los mayores beneficios, tanto sobre el valor de la empresa como sobre su liquidez. Este resultado tiene sentido, ya que los beneficios de adoptar las NIIF deberían exceder a los costes; de no ser así, no lo habrían hecho”.
Este mismo razonamiento se puede utilizar para explicar por qué algunas empresas esperan a implementar las NIIF hasta que se ven obligadas por ley a hacerlo.
“Si no hubiese beneficios para estas empresas derivados de la adopción antes de tiempo de las NIIF, ¿por qué el análisis coste-beneficios tendría que cambiar de repente cuando no tienen otra opción?”, se pregunta Hail. Obviamente deben existir otros beneficios que no se habrían manifestado si no fuese obligatorio adoptarlos, como por ejemplo una mayor comparabilidad o poder compartir riesgos con inversores o similar”.
Hail añade que, a la hora de evaluar las consecuencias de adoptar las NIIF, el mal reparto de los beneficios apunta a la importancia de los incentivos en la elaboración de los informes. De hecho, un análisis de las variaciones de los beneficios de liquidez entre países que han adoptado las NIIF confirma este punto de vista. “Encontramos que no todos los países obtienen beneficios simplemente adoptando las Normas Internacionales de Información Financiera”, dice Hail. “Encontramos que las mejoras en liquidez, valor y coste del capital están presentes únicamente en países con regímenes legales relativamente estrictos a la hora de implementar regulaciones y en países en los que el entorno institucional proporciona incentivos para que los ingresos sean más transparentes”. En países con regímenes legales débiles y escasos incentivos, la introducción de las NIIF apenas tiene efecto.
En opinión de Hail, estas diferencias hacen surgir otro tema importante. “No está muy claro si los efectos beneficiosos se deben únicamente a la adopción de las NIIF o también a ciertos cambios en el entorno de las empresas que los adoptan”, señala.
De hecho, el artículo sugiere que el uso de las NIIF por sí mismas no es suficiente para lograr que los informes financieros de las empresas sean más informativos o más comparables. Hail y el resto de autores señalan que algunos estudios recientes señalan el “limitado papel” de los estándares contables y, sin embargo, destacan la importancia de los incentivos de las empresas para la elaboración de los informes sobre la calidad contable observada.
Las Normas Internacionales de Información Financiera, al igual que los Principios Contables Generalmente Aceptados de Estados Unidos y otra serie de estándares, ofrecen a las empresas bastante discreción, explica Hail. “Por un lado es algo positivo, ya que elaborar informes supone realizar bastantes juicios de valor y deberían permitir que los directivos puedan transmitir información a los inversores externos o bien la puedan mantener en secreto por razones competitivas”.
Pero el modo en que las empresas emplean dicha discreción posiblemente dependa de sus incentivos para la elaboración de los informes financieros, los cuales dependen –según el artículo-, de factores tales como las instituciones legales del país, las fuerzas del mercado, las características operativas de la empresa o los objetivos personales de los directivos. En consecuencia, incluso cuando los estándares permiten introducir mejores prácticas contables y obligan a ser más transparente, no está muy claro que las empresas implementen estos estándares de modo tal que las cifras publicadas de hecho sean más informativas”, concluyen los autores.
“Subrayamos que no se trata sólo de que sean obligatorios”, dice Hail. “Aunque todos los implementasen, a la hora de elaborar los informes el comportamiento de las empresas va a ser diferente ya que los estándares contables –justificadamente-, ofrecen cierto grado de discreción y los incentivos de las empresas para la elaboración de los informes difieren”.
Consecuencias de la adopción de las Normas Internacionales de Información Financiera para las empresas estadounidenses
El estudio también aborda ciertas cuestiones sobre los beneficios anticipados al permitir que las empresas estadounidenses utilicen las Normas Internacionales de Información Financiera en sus informes financieros. “Nuestros resultados indican que los efectos sobre la liquidez para las empresas que los adoptan previamente son menores en países donde apenas existen diferencias entre los estándares contables locales y las NIIF; también son menores en países que, a lo largo de varios años, han ido gradualmente adaptando sus informes a las NIIF”, sostiene Hail. “Este resultado es consistente con la idea de que, en estos casos, el cambio legislativo posiblemente sea de una magnitud inferior”.
En relación con Estados Unidos, con sus fuertes instituciones y activos mercados de capital, Hail cree que permitir la adopción de las NIIF posiblemente cause escasos beneficios en los mercados de capital. “La infraestructura ya existe y las empresas tienen grandes incentivos para elaborar los informes debido a la presión constante de los inversores, así que posiblemente no se observe un gran impacto sobre los informes de las empresas estadounidenses”, añade. “Tal vez las empresas estadounidenses se beneficien de una mayor comparabilidad, beneficios que además serían más pronunciados cuando todos los demás ya hubiesen adoptado las NIIF”.
En general, las consecuencias de adoptar un lenguaje contable global aún no deberían considerarse un caso cerrado. “Nuestros resultados muestran que la adopción de las NIIF ha despertado el interés en el tema de la elaboración de los informes financieros a nivel mundial”, dice Hail. “Pero las lecciones y méritos de la convergencia de los estándares contables globales, y cómo esto afectará a las empresas en la elaboración de sus informes financieros, aún seguirán debatiéndose y será uno de los temas políticos más relevantes durante los próximos años”.

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